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jueves, 9 de mayo de 2013

MANERAS DE SOÑARTE


Ausente de realidad, inalcanzable belleza inexistente.
Es la imaginación perdida quien refleja tu sonrisa en mis ojos y que la convierte en locura.
Besos invisibles, caricias que manipulan el tiempo, que lo hacen más breve aún si cabe.
 
También te sueño ardiente, diabólica, maquinante y estridente.
Ahora los abrazos son dolorosos y punzantes.
Seduces al enamorado cual bella rosa del jardín de los suspiros, pero que ocultas tras tus ojos espinas que se clavan en el inocente y joven corazón entusiasmado.
 
Porque no te puedo soñar perfecta, ni existe perfecto sueño en el que te sueñe.
Llegarás como inalcanzable belleza inexistente o como diabólica, malévola y estridente…

Manuel Lamprea Ramírez

lunes, 22 de abril de 2013

YO NACÍ SEVILLANO



Así soy, así somos. Sevillanos, ¿por qué? Sevilla nos eligió, para ser sus paisanos.
 
Yo nací sevillano, como el suspiro lejano y angosto, de la judería arrinconada, y el moro olvidado.
 
Yo nací sevillano, que no apuesto, como aquella mujer observadora y presumida, en repique de alegría, Giralda nuestra, Giralda mía.
 
Yo nací sevillano, entre capote y albero, entre montera y Maestranza, entre estoque y torero.
 
Yo nací sevillano, como el Sol que nos da bronce, y que a su vez se nos oculta, oscureciendo nuestros sueños. Pero es el Sol de Sevilla, que hace cantar y gorjear a los risueños vencejos y hace honor reluciendo el oro de la torre, alzada a la vera del resplandeciente río.
 
Yo nací sevillano, tembloroso como el rocío de una mañana escarchada, en los tristes arbustos y hojas del Parque, reflejándose tímidamente en un charco asustado y escondido.
 
Yo nací sevillano, con Triana y sus “quejíos”, a las orillas mansas de la cava gitana, del cante profundo y desgarrado, del Dios expirante y la Esperanza capitana.
 
Yo nací sevillano, cofrade y devoto, del guardián de las promesas y miradas, en una mañana oscura, de silencio roto por su andar, auténtico y sentido.
 
Pero si, realmente, nacimos sevillanos, como el naranjo en flor que ha brotado y llorado a su paso, es por Ella.
 
Por su gracia eterna, por su mirada única. Por la pena que sonríe.
 
Por eso somos de Sevilla,
requiebro y llanto incontrolado.
Gracias, Macarena,
por hacernos sevillanos.

Manuel Lamprea Ramírez

sábado, 16 de marzo de 2013

SE HA ESCAPADO




Se ha escapado, aquella que cada año llega, vestida de ruán y esparto.

Se ha escapado, mientras la Señora cruza hacia Sevilla, y la Reina, pasa por un arco.

Se ha escapado, mientras Dios coge su cruz, camino del destino, en una noche de dolor.

Se ha fundido, lentamente en una mirada de Buena Muerte, sobre un monte de lirios.

Se ha vuelto a esconder, como un soñado sol dorado, sin que en Sevilla todavía, lo hubieran Despojado.

Se ha escapado, como cual Estrella triunfante, en una tarde de Ramos, Ella y su hijo agonizante.

Se ha escapado, fugaz y en plenitud, Refugio en tu mirada, y en ella, la figura de la Salud.

Se ha escapado, Cachorro, desgarrado tu semblante, ¡cómo tanto contraste!, ella es ternura, y su ciudad, expirante.

Se ha escapado. Se ha esfumado.

Y no ha llegado.

Manuel Lamprea Ramírez

lunes, 18 de febrero de 2013

A TI



Latidos incontrolados e intensos al sentirte,
incomparable Sol de una mañana,
excelso y brillante en la noche oscura
yt perdido en mi mirada.

Te miro y no lo creo,
tanta belleza en tu figura.
Don de alegría y de pureza
y, en mi costado, amores y locuras.

Atado, preso de tus besos,
me tienes cautivo y desquiciado.
Diosa y musa de los cielos,
corazón feliz y enamorado.

Manuel Lamprea Ramírez

jueves, 27 de diciembre de 2012

TE VI PORQUE LLOVÍA



Corrían descontroladas las gotas de lluvia por un paraguas, precipitándose sobre un mismo charco.
 
Esperé y las gotas incansables se burlaban de mí, pasando y cayendo sin ritmo… hasta que se detuvieron.
 
No dejó de llover. Simplemente llegaste, calmando de agua mi corazón empapado.
 
Y te acurrucaste junto a mí, para cobijarte en mi inocencia.
 
Y , a duras penas, conseguí mirarte. Tu mirada se perdía por fuertes corrientes de agua rápida, al igual que mis ojos al clavarse en ti.
 
Tras el delirio, conseguimos caminar sin rumbo alguno por descampados solitarios.
 
Jamás nos llegará la calma, porque estamos unidos, y esa tormenta jamás cesará, por envidia a nuestro acompasado e infinito caminar.
 
Manuel Lamprea Ramírez

lunes, 26 de noviembre de 2012

POEMA DEL ENAMORADO


Corazón, traidor de sensaciones,
de amoríos invisibles y poco densos.
Traidor de miradas, inacabadas y finitas,
a veces.

Un enamorado escribe sus poemas y versos
al ver unos ojos que despuntan en lo más oscuro.
 Al ver sonrisas que ni siquiera existen.

Pero, ¿cómo saber si tus ojos miran a mi corazón,
como los míos miran al tuyo?
El tenerte tan cerca y, a la vez, tan lejos…
 El poder escucharte tan cerca
y, cuando no estás, mejor te escucho…

Quisiera saberlo.
 ¿Por qué?
Porque estoy enamorado.
Porque te miro, y me miras.
Me faltan razones para preguntarte
si tus ojos ven de verdad.

Poema del enamorado.
Te lo digo a ti, a la que ve sin mirar.
A la que me hacen feliz sus sonrisas.
 Mi corazón, por ti se ha delatado.

Y, si valentía hiciera falta,
y el amor la compusiera,
sería fugaz mi corazón,
y a tu sombra siempre siguiera.

Manuel Lamprea Ramírez

jueves, 1 de noviembre de 2012

APARECISTE SIN QUERERLO


                              Apareciste en mí
                              como alondra cantarina,
                              feliz, risueña, ilusionada...
                              Pero volabas muy alto,
                              entre nubes blancas
                              de algodón fino y dulce,
                              inalcanzable a mis sueños,
                              a mi alma desolada.

                              Son tus miradas las más bellas
                              y tus verdes esmeraldas
                              brillantes al fulgor del sol.
                              Siento celos de tu sombra,
                              siempre a tu lado enamorada,
                              y te ve, afortunado reflejo de tu belleza.

                              Lejos, muy lejos a mi alcance,
                              el no poder acercarme
                              y decirte que te quiero,
                              que te sueño,
                              que mis lágrimas por ti lloran...

                              Apareciste sin quererlo
                              en una vida humilde,
                              la llenaste de alegría,
                              y de esperanza por momentos.

                              Quiero que aparezcas
                              mucho más cerca,
                              más cerca que nadie
                              y susurrarte, muy despacio,
                              que eres reina de la belleza.

Manuel Lamprea Ramírez

miércoles, 17 de octubre de 2012

MIEDOS DESAPARECIDOS



El miedo asusta, pero no intimida.
Lo vemos como algo inalcanzable, 
algo que no podemos superar, 
que nos dice que no podemos controlarlo.
Pero llega un momento 
en el que tu alma se hace a él, 
se acostumbra, 
y lo ve. 

Lo ve, 
y siente ira y, a la vez, 
vergüenza. 
Vergüenza de ti mismo. 
De tus palpitantes latidos infantiles, 
de tu corazón desenfrenado y pensamientos inmaduros.
Pero lo asume, y lo enfrentas.

Y cómo algunos aliados, 
firmes, fuertes y sinceros, como la música, 
te hacen sentir libre de oscuridad.
Música para la esperanza 
y, a veces, 
el mismo miedo te supera.

Y el miedo no te puede parar, 
no te puede privar de algo que amas, 
de algo que te embelesa 
y algo que sientes, 
en lo más profundo de ti.

Tantas horas, 
minutos, 
segundos 
encerrados en mi memoria, 
presos del miedo, 
sin libertad… 
ahora son libres y ansiosos de venganza. 
Y se ríen, de su propio miedo.
Del que todo el mundo habla, 
pero del que no se atreven a desvelar. 

Manuel Lamprea Ramírez

domingo, 30 de septiembre de 2012

SAREK Y LOS DRAGONES DE PIRLESTA

 
Cuando me cercioré de que ya no me seguían, trepé por la pared rocosa del río, alcé la mirada para divisar mi alrededor y subí. Nunca había visto algo tan bello: un gran prado amapolado se extendía bajo mis pies hasta el mar, en el que crecían algunos árboles frutales que en ese momento necesitaba.

Salí a correr y mis pies sintieron la armonía y frescura del césped natural. Me acerqué al primer árbol y oteé sus ramas. Eran bayas y dátiles. Salté y me aferré a una rama con una mano y con la otra moví fuertemente las rama. Varios frutos cayeron al césped.

Así que me solté de manos y caí con parsimonia en el suelo. Fue una pena que nadie me viera. Bueno sí, alguien me vio. Eran los tipos de las flechas.

Recogí unas cuantas de frutas y me las guardé en el zurrón y corrí cuesta abajo hacia el mar. Pero los tipos eran muy rápidos y tuve que acelerar la carrera.

Agradecí al cielo aquel momento. Un carromato tirado por dos mulas hizo distraer a mis perseguidores y me metí en él, sin permiso del conductor.

Cuando estuvimos lejos, le pregunté:

-Disculpe, ¿hacia dónde lleva este carromato?

Aquel hombre, menudo y barbudo, escupió y acto seguido dijo sin mirarme:

-A Bastor.
 
(De una novela inédita)
 
Manuel Lamprea Ramírez

miércoles, 19 de septiembre de 2012

TU ESTELA


 
                                      Corazón inexperto
                                      de un niño simple y agotado,
                                      que escribe sus líneas y su vida,
                                      su triste amor de enamorado.

                                      Volaba ya solo el niño,
                                      su corazón cierta vez se detuvo
                                      al pasar por su semblante,
                                      bello lince y astuto.

                                      Siguió su estela y la perdió
                                      por detenerse en aquel mirlo.
                                      Improvisado amor no digerido
                                      no llegar al corazón encogido.

                                      Incomodidad tranquila,
                                      mente y alma apasionadas.
                                      Aun siendo amor de mentira
                                      seguiré a mi humilde amada.

                                      Corazón estafador
                                      de sensaciones nuevas y gustosas.
                                      Mas no me llega tu calor,
                                      amarga voz y silenciosa.

                                      Líos de amor no corregidos,
                                      líos de un joven chiquillo.
                                      Mas, sin saber salir de ellos,
                                      mi amor está dolido.

                                      Lo que más quiero que sepas:
                                      que nunca se apagará mi vela.
                                      Sí, la que aguarda tras mi mesa,
                                      esperando, por siempre, tu estela.

Manuel Lamprea Ramírez

viernes, 14 de septiembre de 2012

QUIERO TENERTE


Quiero tenerte entre mis brazos.
Quiero que hablemos juntos sin tiempo ni eternidad,
sin que nos digan cómo actuar.
Quiero tenerte atrapada con un hilo de ternura y amor irrompibles.
Quiero que ambos digamos lo mismo,
y nos cortemos las palabras uno a otro sin que nadie se las lleve.
Quiero saber qué ocurre en tu corazón, qué imagen se refleja,
con certeza y con pasión.
Aún, si nada se refleja,
quiero aprender a enamorarte.
Quiero que me digas
qué poema es el mejor paisaje.
Quiero que sepas que, al verte,
mis manos se aferran a la esperanza de acariciarte,
de poder comprender tu belleza,
de poder soñar e imaginar mi alma y tu sutileza.
Aunque no digas nada,
algo se esconde en tu interior y no me lo quieres enseñar,
por miedo a mostrar tu corazón.
Puede que me equivoque
y decir que jamás me quisiste.
Aunque prefiero nunca oírlo,
mi amor por ti desiste.
 
Manuel Lamprea Ramírez

miércoles, 29 de agosto de 2012

ESCRIBÍA YO...


Escribía yo una historia de amor sin comienzo,
sin tinta ni expresividad temblorosa,
sin saber cómo lo entenderías.
¿Qué escribir? ¿Que te quiero?
Ya hubo otros que lo hicieron.
Yo escogeré palabras fáciles, y a la vez ininteligibles,
borrosas, para que sepas cómo me siento.
Dejé mi carta en tu corazón rebosante y esperé tu respuesta.
La mirabas y parecía que la releías.
Pero no. Parabas y esperabas a que tus lágrimas cayeran en tu pecho…
Y me fundiste.
Hacía frío, pero un abrazo fuerte y decisivo
me fundió.
Y sigo con mis cartas.
Fáciles y difíciles.
Con tinta, pero sin lágrimas.

Manuel Lamprea Rámírez

viernes, 10 de agosto de 2012

AQUELLA CHIQUILLA

                                             Un chiquillo caminaba
                                             por su mente sin contestar
                                             a sus preguntas calladas
                                             por el amor y la verdad.

                                             Hablaba con sus amigos
                                             de cuando él no era feliz.
                                             porque, cuando yo lo conocí,
                                             no quería estar contigo.

                                             Un día, un ángel se mostró
                                             por la sombra del chiquillo,
                                             y junto a él aterrizó
                                             en su corazón dolorido.

                                             El chiquillo preguntó:
                                             ¿Qué vas a hacer con tus alas?
                                             Curioso, el ángel respondió
                                             que sus ojos lo enamoraban.

                                             Pintaste mi corazón
                                             del blanco y negro al color,
                                             rojo furia y de pasión,
                                             dulce llama del amor.

                                             Mírame a los ojos
                                             y dime cuál es tu cielo.
                                             Allí estaré yo
                                             tras tu suave y lindo pelo.

                                             Yo no pienso en perderte,
                                             sea cual sea el motivo.
                                             Sea por la ciega muerte
                                             o no vea tu amor perdido.

                                             Que sepáis todos por mí
                                             que el ángel de esta historia
                                             y el chiquillo de este cuento
                                             caminan libres hacia el viento
                                             y grito mi amor por ti.

Manuel Lamprea Ramírez

lunes, 6 de agosto de 2012

MI CORAZÓN YA ESTÁ PREPARADO



¿Cómo sé si te voy a encontrar?
No hay señales que lo indiquen, ni latidos que lo marquen.
Amor que vaga libre por el espacio, sin dueño ni persona, poseído por el olvido.
¿Por qué no apareces, victorioso, triunfante y noble?
¿Cuánto tiempo ha de pasar? No puedo soportar ver el sol amanecer caluroso como cada mañana, y yo frío como la escarcha invernal.
Mi corazón iracundo pretende encontrarte, ya no tiene brillo, inútiles preces al amor, que me suscita amar, aunque no estés en mis latidos. No me sirven lauros ni hazañas.
Mi cruel corazón me entorpece el querer; ya no sirve la generosidad, sólo sirve el llorar amargamente en un rincón de la calle umbría, pero él sigue cauteloso.
Añoranza de un amor libre, que no aparece por los caminos sembrados de rosas rojas celestiales.
¿Cómo sé si voy a encontrarte?
Este molesto llanto que retumba en mi corazón y lo derrumba, lo ve y no lo tiene, lo sabe pero lo ignora.
Engalanar mi corazón despedazado, que no te encuentra aunque te busque, que te inspira aunque te escriba.
Brotar de mis lágrimas que empañan mis ojos y no te ven.
No oye tu sonrisa, no siente tu limpia caricia, pero sí siente tu amor.
Vuelve el fulgor a mi corazón inútil, vuelve tu beldad volando y cabalgando a mis ojos empañados, fuente de inspiración y de luz intensa.
Mi corazón ya no está barrenado, está dispuesto porque te ha encontrado, porque te ha sonreído, ya no quedan secuelas de la crueldad del amor, ya no hay mofas incesantes, ya no hay laberintos imposibles de los que escapar.
Ya hay amor.

Manuel Lamprea Ramírez

viernes, 20 de julio de 2012

AQUEL CHIQUILLO



                                    Un chiquillo caminaba                             
                                    por el suelo sin empedrar.                        
                                    Sus amigos lo miraban                             
                                    como si lo quisieran devorar                     

                                    Hablaba con sus amigos
                                    de cuando él era infeliz,
                                    porque, cuando yo lo conocí,
                                    sólo lanzaba quejidos.

                                    Un día, un halcón apareció
                                    a la sombra del chiquillo
                                    que, junto a él aterrizó,
                                    mientras él seguía dormido.

                                    El chiquillo preguntó:
                                    ¿qué vas a hacer con tus garras?
                                    Furiosa, el ave respondió
                                    que la envidia lo mataba.

                                    "Allí, al fin, te venceré
                                    llevándote a mi terreno",
                                    dijo fuerte aquel chiquillo,
                                    Y el halcón, al fin, huyendo.

                                    No me importan tus miradas
                                    llenas de ardor y maldad.
                                    Mi talento aquí te muestro
                                    con mi hablar y mi cantar.

                                    Halcón, te dejaré ir
                                    indefenso y malherido,
                                    tambaleándote al andar
                                    por mis palabras vencido.

                                    Podría humillarte más,
                                    podría ser duro y cruel,
                                    pero no lo entenderás,
                                    mente de estupidez.

                                    Que sepáis todos por mí
                                    que el chiquillo de esta historia
                                    es el que escribe por aquí,
                                    pasando de Ingenuo a Gloria.

Manuel Lamprea Ramírez

viernes, 8 de junio de 2012

ÚNICA


                                       Dulce y bella tu mirada,
                                       que cobija mi inocente alma.
                                       y viste mi existencia de esperanza
                                       y de amor, mi alegre amada.
                                       No tengo orquídeas ni jazmines,
                                       no tengo rosas ni tulipanes,
                                       pero quisiera regalarte mi vida
                                       para guardarla en tus jardines.
                                       Mi vida sólo entiende de cariños
                                       donados de una madre a mi lado.
                                       Quiero seguir siendo un niño
                                       y llorarte, sin control, desmesurado.
                                       Sea tu hijo macareno,
                                       seas tú de Triana,
                                       nuestro amor será eterno
                                       hasta que muera la mañana.
                                       Quiero que no crezcas,
                                       que sigas siendo mi madre,
                                       la única y con coraje,
                                       con todo lo que merezcas.
                                       Madre, mi puño ya tiembla,
                                       y mis lágrimas vuelan en bonanza,
                                       porque, madre, como tú ninguna,
                                       mi madre de la esperanza.

Manuel Lamprea Ramírez

miércoles, 23 de mayo de 2012

TE PERSIGO


                               Mi último suspiro
                               zarandea tu pelo sin fuerza,
                               anhelando su vida contigo,
                               aunque otra vida empieza.

                               Susurran los árboles para el consuelo,
                               incansables, al rumor del viento
                               que anuncia mi muerte sin piedad,
                               y los rayos a su madre, la tempestad.

                               Sombras que lucen sus vestidos,
                               danzando en la oscura luna.
                               Cabellos negruzcos, amor temido,...
                               tu voz alegre mi voz busca.

                               Encharcado el amor del corazón,
                               mi mano más no alcanza.
                               Desluce ya mi rostro soñador
                               al ver marchar mis esperanzas.

                               Acurrucado detrás de tu cobijo,
                               azotado por la lluvia amenazante
                               que se pasea dulce, inmensa.
                               Por los largos caminos, te persigo. 

Manuel Lamprea Ramírez

domingo, 22 de abril de 2012

AHOGADO


                                            Ignoro por qué no respondo,
                                            ¿qué hacer ante mi duda?
                                            Si volver a mirarte
                                            o a escribirte con mi pluma.
                                            ¿Por qué, cuando lloro,
                                            impone su ley tu torrente?
                                            ¿Quieres que tiemble ante el rostro
                                            de este río de caudal tan imponente?
                                            Ya no vuelvo a la “plazuela”,
                                            rodeada de gorriones emplumados.
                                            No volveré a la callejuela
                                            a ver tus ojos enamorados.
                                            Lecho del río que testifica mi muerte,
                                            ayúdame a superar mi desdicha.
                                            Junto a este dios por implorarte,
                                            antes de besarte, joven chiquilla.
                                            De la mente nace mi temor,
                                            esperando al vierto que empujara
                                            mi cuerpo inerte y sin amor.
                                            Que mi alma y vida despejara.
                                            Tengo fe en mis temores
                                            y fe en mi pasión para quererte.
                                            La bravura incansable de tus aguas
                                            hace imposible escapar de mi muerte. 

Manuel Lamprea Ramírez