Y ahora, nuestra novelista favorita...
Somos unos pocos alumnos de segundo de la ESO que queremos embarcarnos en una aventura: colgar en esta pared nuestros poemas, nuestros relatos, nuestras canciones, nuestros comentarios, nuestras paranoias, nuestras comeduras de tarro... Por lo pronto, te advertimos que no vamos cobrarte entrada ni nos reservamos el derecho de admisión. Haznos llegar tus inquietudes y enróllate. Aunque es nuestra locura, queremos compartirla con todos vosotros.
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viernes, 5 de diciembre de 2014
lunes, 27 de octubre de 2014
MI ÁNGEL LEJANO
Daba vueltas en mi
cama sin parar. Si me ponía de lado, las lágrimas me mojaban la almohada y, si me
ponía mirando al techo, mis ojos se inundarían en lágrimas. Opté por mojar la
almohada y hundí mi cara en ella dejando soltar un alarido y haciendo que mis
labios temblaran. ¿Por qué a mí? ¿Por qué ahora? La vida me ha dado mi ángel,
pero se confundió de lugar. Al final miro el techo y mis ojos brillantes piden
a las estrellas que no sean injustas conmigo.
Si cerraba los ojos lo vería a
él; si dormía soñaría con él, y si me quedaba despierta, no conseguiría dejar
de pensar en él. Mi corazón es pequeño, pero es increíble cómo una persona que
está tan lejos de mí, que nunca he sentido a mi lado, haya logrado hacer que no
quepa en mi pecho. Lo amaba de verdad y estaba tan segura de que era el amor
de mi vida y mi alma gemela como que la tierra era redonda.
Sentirlo una vez.
Sólo necesitaba tocarlo y saber que era real, que no era un sueño que
desaparecería en el mejor momento. Necesitaba enlazar mis dedos con los suyos.
Oler su olor, sentir su respiración en mi garganta, sus manos en mi cuello, sus
labios en los míos, mi pecho contra el suyo, sus brazos protectores rodeándome,
sus ojos buscando los míos y su hilo de voz en mis oídos. Lo necesitaba más que
el oxígeno en mi cuerpo.
Sus
"te amo" me llenaban, pero no lo suficiente para el resto del el día. Sé que
algún día estará conmigo, que despertaré con mi cabeza hundida en su pecho como
ahora la hundía en la almohada. Pero sólo necesitaba que supiera esperarme...
Yo
estaba dispuesta a esperarlo toda mi vida, pero... ¿me esperaría él toda la suya?
Sandra Pérez Navarro
viernes, 24 de octubre de 2014
QUÉDATE CONMIGO
Sonaron las ocho de la
mañana y las clases estaban a punto de comenzar. Era un día nublado, el cielo
estaba gris y caían gotas de agua salteadas que iban dejando marcas en el
asfalto. Mis pies corrían sobre los charcos de la tormenta de anoche y mis
pantalones se mojaban cada vez más. La humedad despeinó mi pelo y me pasé las
manos por encima, tratando de dejarlo como antes para no entrar a clase hecha un
desperfecto.
Me senté en mi
pupitre y cinco segundos después entró mi mejor amigo. Estaba serio. Sus
ojos parecían rotos y, decepcionado, pasó por mi lado. Lo saludé con un buenos
días, pero únicamente contestó con un hola y se sentó solo en un pupitre de detrás.
Me di la vuelta y
lo miré a los ojos, que estaban rojos y llenos de ojeras por no haber dormido.
-Estuviste
llorando...- le dije casi en un murmullo.
Me miró sin contestar
a los ojos y con eso me hizo saber que estaba en lo cierto. Me volví hacia
adelante y puse mi mano en mi frente, intentando recordar nuestra conversación
de anoche.
A la salida se fue
sin decir nada durante todo el día y me decidí por hablarle yo.
-Lo siento...- le
dije.
-Da igual...- me
contestó mientras negaba con la cabeza, agachándola.
-No, no da igual. No mereces el daño que te estoy haciendo.
Entre nosotros hubo un silencio y
levantó la cabeza para mirarme.
-Ya lo has hecho. Ya no hay vuelta atrás.- dijo él, dándose la vuelta para irse.
-Lo siento... Yo no
quería hacerte daño. Es lo primero que nunca se me pasaría por la cabeza...- le
dije con la garganta cerrada, a punto de soltar un grito que mantuve y salió en
forma de lágrima.
-No me creo lo que
me dices, porque ya lo has hecho y es tarde para cambiarlo todo.
-Por favor...- dije
entre sollozos y sin dejar de llorar.
-Me hiciste creer
que me querías. Tú, que siempre fuiste mi mejor amiga y la única chica de la que
he estado tan enamorado... Y me has mentido, esto es algo con lo que no se debe
jugar.- dijo, dejando caer una lagrima también, pero con la cabeza siempre firme.
-Y yo te quiero...
-Mentira...- quiso
mantener su orgullo.
-No te estoy
mintiendo...- cerré los ojos e incliné la cabeza hacía atrás para poder coger
aire.
-No podemos estar
juntos... Te amo más que a mi propia vida, pero no puedo luchar contra el
destino. Te estoy hablando muy en serio...
Miré sus puños, que se cerraron
fuertemente y sus brazos se tensaron, como si quisiera desaparecer con la
mente.
-Si me quisieras de
verdad, todo lo demás te daría igual...- dijo agarrándose el puño de la camiseta y secándose las lágrimas.
-Te quiero, te
quiero, te quiero de verdad, con todo mi corazón... Te quiero... ¿Necesitas que
te lo demuestre?
Se quedó callado, sin saber que decir.
-Yo también te
quiero,... Tanto que me duele...- dijo finalmente.
Lo abracé y apoyé
mi frente contra la suya.
-Quédate conmigo,
por favor...- me pidió en un susurro.
-Vale,
me quedaré contigo. Te lo prometo.
Sonrió por primera vez en todo el día y yo
sonreí al verlo feliz.
Sandra Pérez Navarro
miércoles, 22 de octubre de 2014
TE ESPERARÉ
Paseo por la orilla
y el agua calmada me acaricia los pies.
El viento que viene del horizonte me
movía el pelo como una bandera haciendo que pareciera que volaba. La playa
estaba desierta y sólo se oían las olas al romper. Una voz me llamó. Sabía
perfectamente quien era. Esa voz que cada vez que la oía hacía que mi corazón
se acelerase. Me giré y él me abrazo fuertemente sin que me lo esperara. Sentía
mariposas en mi estómago y noté cómo mis mejillas se sonrojaban. Cerré los ojos
y le devolví el abrazo.
-No quiero
perderte...- me dijo con voz suave.
-Nunca me
perderás...- le contesté y, aunque no lo vi, noté que había sonreído.
Se separó y me miró
a los ojos, haciendo que sus ojos marrones parecieran que quisieran decirme
algo.
-¿Quién te lo ha
dicho?- le pregunté.
-Lo supuse cuando
me dijiste que me extrañarías.
-Escucha...- me
detuvo con un beso antes de que pudiera decir nada.
Me aferré a su
pecho y lo atraje más a mí, sin separar mis labios de los suyos. Él me levantaba
la cabeza con su dedo pulgar delante de mis orejas y el resto despeinándome y
haciendo que me quedara de puntillas para llegar a él. El tiempo se detuvo y
sólo deseaba quedarme así para siempre...
-No te vayas...- me
dijo apoyando su frente contra la mía.
-Volveré, te lo
prometo. Ahora prométeme tú que me esperaras...
-Toda
mi vida si hace falta.- contestó con seguridad.
Volvió a besarme suavemente y
me acurrucó en su pecho mientras observábamos el sol esconderse tras el
horizonte. Nos quedamos allí solos y unidos en un abrazo eterno. No quería perder lo que más amaba en mi vida por culpa de la distancia. Ese era mi miedo, pero
no se lo decía. Mencionar la palabra distancia sólo hacía que me estremeciera más
y opté por pensar que él siempre me esperaría, ya hubiera cientos de kilómetros
en nuestro camino o no; ya hubiera tormenta, lluvia o cualquier cosa que pudiera
complicar que lo tuviera en mis brazos.
Nada me importaba más que él.
Nada me importaba más que él.
Sandra Pérez Navarro
lunes, 20 de octubre de 2014
SANOS Y SALVOS
Una explosión hace
que tiemble todo el edificio. Son las cinco de la mañana y las primeras bombas
comienzan a caer. Me acerco a mi hermano de cinco años que se ha despertado con
el ruido y tiembla de miedo.
-Tranquilo. Están
cayendo lejos de aquí. No nos pasará nada.- le digo con voz
cantarina para tranquilizarlo.
Él se acurruca en
mi pecho poniendo entre nosotros su oso de peluche y yo lo mezco mientras miro
el humo y el fuego del fondo. Sólo estamos él y
yo, en una pequeña habitación, y un colchón para los dos. Es el edificio más
lejano del campo de batalla. La guerra comenzó hace tres días y ya había
destruido lo suficiente para que sólo quede viva la mitad de la población y un
cuarto del ganado. Lo cojo en brazos y
nos dirigimos a la ventana. Él asoma la cabeza de mi pecho y observa lo que
queda de nuestro precioso pueblo.
-¿Y papá?- me
pregunta mi hermano.
-Luchando por
nosotros- le respondo sin querer dar más detalles.
-¿Volverá?- me
insiste.
-¡Claro que
volverá! ¡Y podremos volver a ser una familia! ¡Ya verás!- le digo con seguridad
e intentando parecer alegre.
El pequeño se ríe y
se echa en mi hombro mientras seguimos observando el peligro que acecha fuera.
-¿Y mamá?- preguntó
nuevamente apretando su osito contra él. Callé unos segundos para pensar algo
y explicarle que había muerto en el incendio del segundo día.
Veo el momento en
que nuestro hogar ardía en llamas. Mi madre nos empujaba hacía la puerta,
alarmada, cuando el pequeño dio la vuelta hacía el infierno que se había
formado dentro.
-¡Mi osito!
-¡No!- le gritó mi
madre corriendo tras él.
Yo la seguí, pero ella me paró y me pidió que saliera
de allí. Esperaba fuera y no
salían, cuando oí un grito desgarrador de mi madre. Entré corriendo,
intentando verlos a través del humo, con todos los sentidos en alarma.
Entonces sentí a mi hermano correr hacía mí con su osito, lo cogí y me lo
lleve fuera.
-¿Donde está mamá?-
le pregunté agobiada e histérica.
-¡Está en el salón!
- contestó con sollozos.
-No te muevas de
aquí- le digo muy seria.
Entro y la
encuentro bajo una viga de madera en llamas. Sus ojos están cerrados, su cara
pálida... Me echo a llorar e intento quitarle la viga,... pero es inútil. La casa comienza a
venirse abajo y salgo corriendo dejándola allí debajo, viendo como el fuego
terminaba con ella.
Finalmente
encuentro una respuesta.
-Mamá tuvo que irse
y me dejó a tu cargo.
-¿Adónde?
Me
estremecí con esa pregunta:
-A ayudar a los
ángeles a cuidarnos desde el cielo. Ahora está mejor, observando cada paso
nuestro. Él se quedó callado. No sabía si había entendido a qué me refería o si
infantilmente lo creyó, pero su rostro no tenía ninguna expresión.
Y
me dije a la mente "Tranquilo pequeño, estaremos sanos y salvos..."
Sandra Pérez Navarro
martes, 14 de octubre de 2014
EL ÁRBOL DE MIS RECUERDOS
Aprieto mis puños y
cierro los ojos. Todos los recuerdos llegan a mi mente. él besando a alguien
que no soy yo, la noche que me quedé dormida sobre su pecho, sus labios
diciendo que quería olvidarme, sus besos en mi cuello...
Una lágrima recorre
toda mi mejilla, se detiene al final de mi cara y cae lentamente al suelo. Mis
labios tiemblan. Abro las manos y las coloco al cielo. Me las observo y un rayo
de luz atraviesa mis dedos y me las llevo a la cara. Busco el tronco del árbol
donde talló nuestros nombres y me dejo caer al suelo, echando mi cabeza hacía
atrás. "¿De verdad pensaste que llegarías a ser importante para alguien?", me
pregunto a mí misma sin respuestas...
Me
quito el colgante, que llevaba en el cuello, en el que está grabado su nombre y
me saco del bolsillo el mismo pero en el que está grabado el mío. Lo encontré
en mi puerta tirado. Supongo que él quiso devolvérmelo... Los observo y me
levanto para atarlos en una rama donde quedan enlazados bajo nuestros nombres
tallados y dejo que los últimos rayos de sol hagan que brillen. Me seco las lágrimas
y dejo que la brisa del campo me acaricie la cara, mezca mi pelo y me seque los
ojos vacíos, porque él se llevó mi alma. Y ahora me siento vacía, fría, sola...
en el árbol de los recuerdos.
Sandra Pérez Navarro
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