Una vez tuve una poesía.
La leía todos los días
hasta que la perdí...
Odio ese día,
¡Oh, pobre poesía
perdida en el mundo,
sola como un vagabundo
sin ver la luz del día!
¡Que tristeza sin fin!
No pararé de buscarla
hasta encontrarla,
aunque esté en el confín.
Juan Ortega Cobo
